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Más adelante compre un 2do equipo que haga factible la atención de más de un contrato por día. Para comenzar solamente necesita un asistente con conocimientos de energia electrica y que pueda arreglar algún desperfecto. A medida que crezca el negocio podria necesitar más personal que lo cubra en el momento en que tenga más de un contrato por fecha. El requisito vital al realizar la selección es la honradez. Una magnífica publicidad son los afiches pegados en locales con gran afluencia de público, como panaderías, bodegas, etc. De la misma manera, tener tarjetas con el nombre de la compañía o con el nombre del propietario permitirá promocionarse en las fiestas donde usted brinde sus servicios. Debe renovar su repertorio musical de forma permanente, jamás en la vida se deshaga de lo que ya logro coleccionar, es oro en bruto, debe hacer constante mantenimiento a sus equipos. Manténgase concentrado a la sugerencia de sus clientes y tenga en cuenta las opiniones de su individual, visite periódicamente las tiendas de música, además, escuche los programas de radio y vea televisión, esté a la expectativa de los positions musicales.

Metía esa, y ponía otro disco de la Matancera; ya después la señora me sacó de Ray Coniff, de Creedence, y de varios más. Allí empezó esa situación, hace 40 años. AR: ¿Y cómo se extendió su fama? RR: Después me empecé a hacer popular en Tepito; había unas chavas que hacían tardeadas los domingos atrás de la iglesia de san Francisco, en el 18 de La Rinconada, una muchacha que se llamaba Alejandra. “¿Ya tienes tu tocadiscos”, “Sí”, “¿ A cómo cobras la hora? ”, “A diez varos”, “¿ ”, “Puras de la Matancera”, que ese era mi mero mole. “Pues queremos que vayas a tocar este domingo”, “Sí, cómo no”, “Te queremos cinco horas”, “Órale”. Llegó el domingo, llegué con las muchachas, puse mi foco, mi trompeta, mi amplificador, mi bafle y mis discos. En aquél tiempo no se locuteaba —o sea, no se, mandaban saludos, nomás corría el disco.

Allí empecé, y les gustó a las muchachas. Para esto, comenzaron a correr la voz entre los amigos del barrio, y al siguiente domingo empezó a ir un poquito más de gente. Pero yo no sabía que estas chicas se ponían en el cubo del zaguán, y a la persona que entraba le cobraban por entrar a bailar, no eran tontas. Para esto, yo pensaba ponerle nombre al tocadiscos. Se me vino el nombre de “Aves del trópico”; pero a mí todo el barrio me conocía como “La Changa”. Este mote venía porque yo era un chamaco activo, inquieto, precoz; me subía a las azoteas como un chango, estaba yo flaco, y me ponía a volar papalotes. Ese era mi hobby. Y decían: “¿Dónde anda la Changa? ”, “Pues allá arriba en la azotea, como siempre, volando papalotes”. Y los vecinos se enojaban, porque yo andaba brincando en las azoteas, y decían que con el brincadero les provocaba goteras en sus casas. Empezó a crecer la fama, y entonces yo le mandé hacer al amplificador, que tenía una tapa, un anuncio biselado en espejo, y le puse “Aves del trópico”.

Pero dije: “En vez de ‘tocadiscos’, hay que ponerle otro tema. Pues le ponemos ‘sonido’, pues es un sonido”. De allí derivó la cuestión: Sonido Aves del trópico. Y allí empezó la cuestión del nombre de sonidos y sonideros. Creció la reputación de que yo tocaba discos de la Sonora Matancera que no se escuchaban en la radio, como “El Tibirí Tabará”, “Yo no soy guapo”, “La guagua”, Miguelito Valdés con “Arroz con manteca”, “Linda caleñita”. Empecé a motivarme a buscar más música extraña de la Sonora. Tanto se me hizo el hobby que dije: “Algún día tengo que conocer a la Sonora Matancera.” Era mi inquietud. Recuerdo que empecé a hacer los bailes de estas chavas, quienes comenzaron a cobrar más en la entrada porque ya vieron que empezó a entrar cada vez más gente. Empecé a jalar a la gente que tenían los del PRI. Al que organizaba esos bailes le llegó la información de que se estaban haciendo unos bailes atrás de la iglesia con un cuate al que le decían “la Changa”. Entonces, agarró un domingo y que me va a ver, y me dijo: “Cabrón, no pensé que eras tú el que estabas tocando.

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