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Entre ellos está Ashley Knight, la asistente personal de Ray Lewis, el futbolista, cuyo correo electrónico era el listado en una orden para 250.000 seguidores. La cuenta personal de Twitter de Paul Hollywood, panadero célebre y juez de The Great British Bake-off, fue eliminada después de que el Times le envió preguntas por correo. Hollywood respondió así: “La cuenta no existe”. Muchas de las celebridades, líderes empresariales, astros deportivos y otros usuarios de Twitter compraron a sus seguidores directamente, de acuerdo con registros. En otros casos, la compra fue hecha por agentes, familiares, empleados y otros asociados. Hillary Rosen, consultora en relaciones públicas y colaboradora de CNN, compró más de medio millón de seguidores falsos a Devumi en dos años. En una entrevista, dijo que esas compras fueron hechas “como experimento” para ver “cómo funcionaba”. Hizo más de una decena de adquisiciones entre 2015 y 2017, de acuerdo con los registros de Devumi. Otros clientes dijeron que se habían sentido presionados por sus empleadores para tener más seguidores. Marcus Holmlund era el encargado de redes sociales de la agencia de modelaje Wilhemina.

Poco después de haber llegado al puesto, un supervisor le dijo que no estaba consiguiendo suficientes seguidores y que debía o comprarlos o encontrar otro empleo. Holmlund terminó pagando él mismo por las cuentas a Devumi antes de dejar la empresa en 2015 (una portavoz de Wilhemina se negó a hacer comentarios). “Me sentí pasmado por la amenaza de ser despedido o, lo que es peor, nunca poder volver a trabajar en la industria de la moda”, dijo Holmlund. “Desde entonces le digo a quienes me preguntan que es un engaño”. Varios clientes de Devumi reconocieron que habían comprado bots porque sus carreras dependían, en parte, de aparentar tener influencia en redes sociales. “Nadie te toma en serio si no tienes una presencia notoria”, dijo Jason Schenker, economista que se especializa en pronósticos económicos y que ha comprado unos 260.000 seguidores. No es de sorprenderse que Devumi también ha vendido millones de seguidores y retuits a personas en el mundo del entretenimiento que son apenas medianamente conocidos, como el actor Ryan Hurst, de la serie Sons of Anarchy. En 2016 y 2017, compró un total de 750.000 seguidores, aproximadamente tres cuartos de los que tiene ahora.

El costo fue menor a 4000 dólares, de acuerdo con los registros de Devumi. La empresa también le vende bots a estrellas de reality shows, que utilizan esa fama para cobrar por hacer actos de aparición o patrocinios. Un antiguo concursante de American Idol, Clay Aiken, incluso le pagó a Devumi para hacerle eco a una queja contra Volvo. Los bots de Devumi le dieron retuit más de cinco mil veces. Ni Aiken ni Morgan respondieron a solicitudes de comentario. Más de cien personas que se describen a sí mismas como influenciadores -cuya valía en términos monetarios está aun más vinculada a la cantidad de seguidores- han comprado las cuentas falsas de Devumi. Justin Blau, un popular DJ cuyo nombre artístico es 3LAU, adquirió 50.000 seguidores y miles de retuits. En un correo electrónico, Blau dijo que un exmiembro de su equipo de administración los compró sin su aprobación. Los influenciadores no necesitan ser ampliamente conocidos para hacerse con dinero de patrocinios. De acuerdo con un reportaje reciente en el tabloide británico The Sun, los hermanos adolescentes Arabella y Jaadn Daho ganaron 100.000 dólares trabajando con marcas como Amazon, Disney, Louis Vuitton y Nintendo.

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